El “Diario tópico” es una obra que fue concebida por mí de modo tal que no precisara de las tareas de edición propias a la post escritura.
No obstante, el resto de las circunstancias que están directamente relacionadas con mi decisión de dedicarme al arte, me impidieron transcribirla a este sitio (pese a que la pretensión de publicarla en mi propia página es, creo, bastante modesta). Los motivos o impedimentos puntuales no los expondré. Hacerlo carece de sentido cuando existe conjura o consenso no mentado.
Pero me propuse lo siguiente: “Casi nadie tiene interés en leer la obra de Guillermo Lema”, esta es la premisa verdadera, el axioma incuestionable. Pero para avanzar en mi razonamiento sobre el territorio previo al del axioma ya cumplido, paso a prescindir de él sin negarlo, me exceptúo. Una vex excluido de su alcance, me detengo y digo: si la obra hace y nace de mi "ser", si es también mi comunicación ontológica con el “ser del otro”; no puedo arrojarla a la historia para las pinzas de los futuros arqueólogos, no debo dejar que sea expuesta como un “objeto”, como un sujeto inconcluso. En esta situación tengo dos opciones: destruirla -acción que ya llevé a cabo con varias de mis obras-, o anticiparme y "objetivarla" para que quien la perciba bajo esta nueva forma se encuentre sin la posibilidad de hacer lo único que le da seguridad a su estructura: reducir una obra cualquiera a la condición de "objeto", quitarle pues el contenido ontólógico que el artista había puesto en ella. si la única posibilidad que me queda es exponerla como un “objeto”. Para que mi acto no sea equiparable al del observador "reduccionista analítico", mi conversión de mi obra debe basarse en el siguiente punto inestable que lleve al necio a realizarse las siguientes preguntas: "tal el estado en el que el artista dejó expuesta la obra original, la pregunta es: ¿hay en esta cosificación algo de la obra original o ya todo es cosa? ¿Este artista me dejó posibilidad de ser toda vez que sólo soy si soy ser cosificador?". Para participar en esta guerra -pues así como hay arte en la guerra, hay guerra en el arte- mi estrategia fue dejar los textos potencialmente legibles. La trampa es que es texto existe en el objeto, es decir: el hecho ontológico está ahí, nadie puede decir que la obra original no está o no subsiste. Lo que mata a mi enemigo es que tampoco le quito enteramente la forma, pero sí lo suficientemente como para que la misma le resulte definitivamente ilegible: lo que construyo es la "anti-forma", es decir lo mismo del original toda vez que lo presento mediante su opuesto formal. Luego, poco importa si a “casi nadie le interesa leer la obra de Guillermo Lema” pues yo ya decidí qué hacer con mi ser para que subsista, y mi obra y mi ser conforman una unión: la obra no forma parte del ser ni el ser forma parte de la obra, no obstante no son lo mismo.
No soy ni seré objeto: soy sujeto, cambiante en fuga por multiplicidades, sin vida ni muerte, ni belleza ni fealdad, ni bien ni mal. Sin dicotomías. Mi obra y yo existimos en tanto ser mucho antes de cualquier forma en la que pueda manifestarse.
Decidí dejar el primero de los textos, que se encuentra al final del papiro.
Decidí escribir un poema sin fin que comienza también al final del papiro, se expresa como título de cada fotograma del cuaderno original, y se lee desde abajo hacia arriba. El poema es muy pobre para su propio bien aquí y ahora.
Decidí alterar los escritos originales de un modo para nada artístico: busco que lo que se observe sea la comprobación de que existe una obra, pero que no subsista nada de esa obra. Es por eso que la foto de cada página del manuscrito fue deformada sin revisar el texto que contiene y aplicando modos automáticos de alteración de imágenes que vienen preconcebidos en los programas de computación. Lo que se percibe es una imagen-objeto que puede resultarle más o menos atractiva, pero que no tiene relación alguna con la obra, excepto una: la obra está encriptada dentro de esa imagen-objeto. Por lo tanto le transmito a Usted las siguientes preguntas: 1) ¿Existe la obra si nadie puede acceder a ella pero ella está allí de un modo innegable? 2) ¿La accesibilidad a la obra hace a la obra? 3) ¿Qué la obra exista y sea inaccesible le quita existencia a la obra o le quita existencia a Usted? 4) Si en el mundo no hubiese obra alguna ¿Usted existiría? 5) Es indudable que yo existo y que mi existencia y mi obra son una misma cosa ¿Sería capaz de negar mi existencia?
P.D.: Para aquellos que quieran leer el poema aquí mencionado en el tradicional orden descendente de lectura, pueden salir de esta ventana e ingresar por el mismo sector de la web, es decir "Diario tópico", pero pulsando sobre la palabra "blog". Allí encontrarán este poema en ese otro orden y, por lo tanto, con otro nombre: "Poema improvisado para Mundo Cero". O pulsar sobre la siguiente dirección http://diariotopico.blogspot.com/